Cuando casi todos duermen, yo me levanto y me dejo envolver por la madrugada que se levantó todavía antes que yo permitiéndome saborear la vida y alargar el tiempo degustándola y degustándome.

cuando casi todos duermen 1Y me dejo llevar de la mano a disfrutar de sus momentos mágicos del instante presente, dueños de la precisión que semarchan cuando, sin apenas darme cuenta, se encendió la luz del día.

Cuando casi todos duermen yo me levanto y paso por el puente de la madrugada hacia el alba, y le cuento mis secretos y ella me cuenta los suyos y los míos, y me dejo envolver por ella que es más mucho más sabia que yo.

Y disfruto de los sonidos únicos entre un total silencio, de los aromas penetrantes cuando apenas se distinguen las formas entre el crepúsculo…, y escucho la sutil melodía de las higueras, la lavanda, el tomillo, de las verduras y hortalizas…, y  me recibe la huerta callada en su completo esplendor, húmeda y viva regalándome un baño turco de esencias diversas que me abren por dentro.

Cuando casi todos duermen, yo me levanto y juego con los árboles del viento…, y llegando al final del puente me recibe el alba haciéndome sentir su potente calma, su energía latente a punto de estallar en infinitos colores cediéndome espacio para la creatividad y para ser, siendo más.

Y me resuenan la música, el olor de pólvora y pan, mi tierra, mi mar, dulces de restos árabes, perfumes inconfundibles que no conocen el tiempo, que hablan con mi presencia y se unen a mil sensaciones vividas de antaño, memoria de recuerdos pasados, lejanos y cercanos creando memorias futuras que nacen ahora.

Cuando casi todos duermen, yo me empiezo a beber la vida con pequeños sorbos de dosis máximas recomendadas que me nutren a raudales…, y el tiempo desaparece en mí para que aparezca yo siendo él.

Y aparece el día…

Cuando casi todos duermen, yo me levanto… y cuando casi todos se levantan yo me difumino y, a veces, me pierdo…; entonces viene el día y me dice con fuerza:  “¡mírame bien: la madrugada y el alba están aquí, conmigo!”.