Cuando entendí que la intransigencia no me servía de nada, había tragado tantos litros de agua que mis pulmones se habían encharcado.

Cada vez que venía una ola yo me resistía a ella y permitía que me cubriera por un largo espacio de tiempo, tanto que me obligaba a beber agua una y otra vez, pero al igual que cuando no tomas conciencia del aspecto mental que te martiriza una y
otra vez, yo hacía frente a la ola sin moverme del lugar pensando que podía vencerla en algún momento.

Empecé a sentir un ahogo que no había experimentado todavía. Evidentemente, tenía los pulmones encharcados. Tenía que hacer algo, ya no podía tragar más agua. Entonces me desmayé y empecé a tener flashes, y a escuchar voces.

Y, de pronto,  “alguien” con voz alta y clara me empezaba a hablar:

“¿Quién vence a quién?”.  “Si quieres que algo o alguien venza es porque hay una lucha entre dos partes, entre dos partes tuyas y de nadie más. Y si lo conviertes en una guerra llena de desilusiones, desencanto, destrozando una y otra vez tus mejores fortalezas y tus mejores sentimientos, es que aún esperas de otros lo que no te das a ti mismo. Entonces dime, ¿contra quién luchas y por qué?. ¿En qué guerra andas metido que te permite despistarte de lo verdaderamente importante?. ¿En qué estás centrado y desde dónde te centras?. ¿Ego o corazón?. ¿Ego o corazón. ¿Ego o corazón?… ¿Dependencia o libertad?. ¿Dependencia o libertad?. ¿Dependencia o libertad?.

Y empecé a ver imágenes de la ola una y otra y otra vez, vi cómo me cubría hasta dejarme exhausto, mientras seguía escuchando: “¡Contesta, es tu gran oportunidad, contesta!.”

Contesta, es tu gran oportunidad, contesta.