¡Te equivocaste!. ¡Fallaste!. ¡Eso no se hace así!.

Eso es lo que nos dicen una y otra vez desde pequeños ante un error en el colegio, en los juegos con los amigos, en el deporte…, con lo cual hemos integrado en nuestro sistema central que NO nos tenemos que equivocar y que «hay que hacer las cosas bien» aunque no sepamos cómo es hacer bien las cosas.

Esto nos lleva a tener una visión engañosa del autoconcepto de uno mismo que, poco a poco, se transforma en distorsionada, denigrante y, a la larga, manipuladora…, pues en base a mis errores, ¿cómo percibo que soy?, ¿cómo valoro mi autoimagen?….

Para pasar a ¿qué me gustaría ser?,  y ¿cómo les gustaría a los demás que yo fuera?. Y ahí empiezan a desestabilizarse las tres variables personales que determinan el aprendizaje: el poder (inteligencia, aptitudes), el querer (motivación) y el modo de ser (personalidad), además del “saber hacer” (utilizar habilidades y estrategias de aprendizaje).

Con ese resultado pasamos a ser adultos con esa visión distorsionada de uno mismo, y de la misma manera afrontamos nuestra vida con la mochila llena de inseguridad,  falta de motivación, depresión..; y vacía de metas y objetivos en la vida a corto, medio y largo plazo, ya que nos dedicamos continuamente a cubrir supuestas necesidades (no reales) hacia uno mismo y hacia los demás.

Y un día, nos paramos a ver la evolución del planeta y nos quedamos atónitos, hemos ido pasando una era y otra y otra, y ahora estamos en la era de la información donde todo funciona de una forma muy rápida, muy virtual y nos quedamos asombrados. ¿Cómo hemos podido pasar de tener que cazar para comer a tener esta alta tecnología en nuestras manos?. Y entonces, podemos pensar: ¡qué mentes tienen algunos!.

¡Ja!. ¡Cuántos millones de errores para llegar aquí!. ¿Eso no lo pensamos?. ¡Cuántas mentes entrenadas en la constancia y centradas en la visión de objetivos!. ¡Cuántas miles de posibilidades han surgido de cada error cuando se ve como resultado, probabilidad y oportunidad de cambio de dirección hacia el éxito!.

En resumen, cuántas personas responsables y comprometidas hacen que esto cambie de dirección cada instante del día.

Cuando una persona esta en búsqueda de un objetivo claro y avanza hacia él con constancia, se ubica a sí misma en situación de OPORTUNIDAD con una razón de ser firme (misión) y un proyecto claro (visión). Y aquí se llega tras muchos errores.

Es época de mejora y de cambio, y como adultos tenemos la responsabilidad de cambiar y de mejorar para llevar ese cambio a las futuras generaciones para que amen los errores y vean en cada uno de ellos miles de oportunidades de aprendizaje y mejora para conseguir el éxito. Solo es cuestión de entrenar.

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