Nada te cambia si tú no lo quieres, y nada cambia si no te lo propones porque la vida sigue igual. Sigue la crisis y, con ella, sigue el miedo, el estrés, la huida, la intransigencia. Todo está pensado justamente para que no pienses y sí para que salgas corriendo hacia el primer tren que pase y subas a él sin mirar el destino. ¡Vaya con el miedo!. Así es él cuando se apodera de tu terreno y ejerce de okupa, precisamente, porque no te ocupas de vivir en ti.

Eso es exceso de miedo, una huida hacia ninguna parte, una acción sin dirección consciente mientras tus objetivos, si los hay, se quedan en el camino contrario al que tú te diriges.

El miedo es positivo en su justa medida porque es el que te otorga prudencia, pero en exceso te aniquila mientras tú te difuminas para perderte en una inconsciencia continua, convertida en puñetera y aparente comodidad que hace que permanezcas en ese lugar tan conocido y reconocido, que te hace mirar hacia fuera una y otra vez para poder vivir con la careta de oxígeno puesta, pues si miras hacia dentro de ti,  sientes que no puedes respirar y el ahogo es tan grande que es él mismo quien te hace salir corriendo una y otra y otra vez. Es el síntoma, pero no la causa.

“Es el estrés” –decimos muchos-.  Y aparentemente queda mucho resuelto con tranquilidad farmacológica. Falso. Estás teledirigido.

Nada cambia si no te lo propones y nada te cambia si tú no quieres.

¿Qué es lo primero que puedes hacer?. Concienciarte de lo que ocurre y decidir si te conviene seguir así o te propones hacer un cambio responsabilizándote de ti mismo yendo en busca del equilibrio de tu mente y de tu sistema nervioso, pues el equilibrio mental nos hace más felices y más creativos, ofreciéndonos la posibilidad de ocupar nuestro propio espacio interior y exterior.

La pausa y la reflexión (lo contrario de la huida), te enseñan a aprender a liberar tu creatividad y a cerrar puertas a la negatividad.

Hay muchas maneras de hacerse consciente, de tomar conciencia y de aprender a utilizar los mandos de nuestra cabina, de nuestra mente y permanecer en equilibrio: la relajación, el mindfulness, la meditación, los estiramientos, el yoga, el tai-chi, el chikung y los ejercicios de respiración te ayudan a calmar tu mente y te otorgan el oxígeno desde el exterior hacia el interior, y dependiendo, también desde el interior hacia el exterior.

Éstos junto con el aporte de actividades energéticas que te aporten energía física: deportes y baile, entre otros; y junto con una alimentación sana te apartarán poco a poco del miedo que lleva a un continuo estrés (mejor dicho, distress), cuya consecuencia es una impaciencia continua que es la puerta directa hacia la agresividad, debido a una irritación continua del sistema nervioso.

Y la agresividad, bien puede ser dirigida hacia otros o hacia uno mismo, entonces ya estamos hablando de destrucción.

¿Te atreves a construir, a crear?. Ahora es el momento de parar, observar, reflexionar y decidir, pues no existe otro momento sino AHORA. Ahora es crecer, ahora es evolucionar desde el propio equilibrio.

Imagen vía http://tuconmig.blogspot.com.es/2012/09/huida.html