Tal vez, no sepamos muy bien el significado de la palabra fluir, en algunos escritos o libros nombrada como hoy en día como “flow”.

Para cada persona, tendrá una connotación diferente, pero lo que es una realidad es que fluir es permitirse ir en la dirección elegida sin dejar que intercedan los obstáculos internos creados por nosotros mismos y que son nuestra “realidad imaginada” en pensamientos convertida en emociones reales ; ni que tampoco lo hagan los supuestos obstáculos externos de personas o situaciones que nos producen bloqueo o paralización porque el cerebro los llega a ver como imágenes asociadas a estados y situaciones vividas anteriormente.

Tanto las situaciones internas como las situaciones externas no nos bloquean ni nos anulan completamente ni mucho menos, ya que si las observamos detenidamente siempre existe un camino por el que pasar hacia la dirección deseada, tal y como hace el viento frente a las enormes montañas… siempre encuentra el camino para pasar hacia la otra parte con delicadeza o con fuerza, lentamente o rápidamente dependiendo de la necesidad del momento. Sencillamente porque esos obstáculos que vemos son nuestra realidad, pero no son la realidad.

Buscar y encontrar dándote el permiso, tratándote con amor y delicadeza, yendo a favor de ti mismo es fluir.

Esto se aprende y se olvida, se vuelve a aprender y se vuelve a olvidar cuando se queda en mera teoría, pero si se experimenta y se pone en acción hace que esa experiencia entre para siempre dentro de nosotros y marque el fluir que precederá al primero que experimentamos, pues será el que le muestre el camino al siguiente fluir.

Fluir no es no sentir emociones, fluir no es estar siempre alegre, fluir es permitirse llegar a la meta experimentando cada uno de los pasos dados hacia ella.

Da igual con o sin… fluir.