Es como una sensación de desajuste en el cuerpo cuando te vas, y es que cuando te vas, te llevas tu luz y yo me veo mucho menosEsa millonada de partículas danzando armónicamente junto a ti juegan en el horizonte y revolotean formando un globo color marfil de resplandor incandescente que acaricia las miradas perdidas y las incita a reencontrarse. Y hasta tu vuelta queda eso en lo que coincidimos y que no se lleva el viento mezclado con cafés y tés amargos e intensos, miradas de complicidad y pillería, principios activos con sinergia, sorpresa ante el fenómeno de la vida, y puntos de encuentro en la incomprensión ante la desidia generalizada del momento.

Ahora, con el oído pegado a la almohada y los ojos cerrados dejándome ir, escucho y veo mejor lo que ya está tatuado y no lo borrará el agua ni el tiempo: nuestro aprendizaje, nuestra lucha contra creencias inyectadas de las que seguimos matando virus sueltos rompiendo sus límites a base de besos.

Y qué poco entendemos del sentido de la vida, ¡si mirándola se escapa!.  Entonces,  ¿de qué sirven los desencuentros?. Son como una olla que siempre está vacía porque un agujero hace que pierda el agua…, así es como nosotros perdemos el tiempo.

Los desencuentros con uno mismo, contigo o con el resto. Somos buscadores llenos de desencuentros tal vez porque lo que buscamos fuera ya lo tenemos dentro.

Somos incompletos, como tantas veces decimos y nos vamos completando mientras las nubes son testigos callados de nuestros encuentros, esos que hacen que nos llenemos por dentro, pues lo que aparentemente vemos, es lo que ya está inmerso, pero necesito verte para reconocerme yo ahí dentro y revolcarme entre las sábanas limpias de mi corazón a veces triste y a veces contento.

etiqueta safe creative